EL EFECTO PLACEBO EN LA PSIQUE
- cepaluz1
- 22 may 2025
- 4 Min. de lectura
Fragmento del tratado «Meditaciones desveladas (El talento y la cordura de Marco Aurelio)» de Antonio Carranza
45.- «Ningún hombre es feliz si no se cree así». Marco Aurelio nos invita con este aforismo a instalarnos en la experiencia directa de aquello a lo que aspiramos. La mayoría de las personas ensueñan la cualidad, el estado de paz, de felicidad, del buen amor, mas no llegan a experimentarlo de forma clara.
Bien es cierto que el concepto suele preceder a la experiencia directa de aquello que anhelamos. Sin embargo, dar el salto y llegar a hacer prácticas nuestras ideas requiere de una actualización vital que muchas personas no llegan a elegir. Lo verdaderamente crucial es darse cuenta del engaño. Artimaña psicológica que nos lleva a pensar en lo muy felices que somos, en el mucho amor que compartimos, sin que, en esencia, la experiencia sea iluminada por la cualidad. A la humanidad la envuelven muchas ideas de nube que satisfacen al Yo, mas empañan el alma.
Instalar el alma en la cualidad requiere una destreza que no se logra tan solo con la mente. Por el hecho de pensar que tienes, no tienes; de pensar que eres, no eres, de creer que amas, no amas. Mas el sujeto común necesita hacerse una idea conveniente de sí mismo y de su realidad. Se mirará de continuo a su ilusorio espejo para instalar en él la idea ondulante de su verdad y atributos y, lejos de reconocer la turbiedad, alentará la quimérica sensación.
Como la mente está educada para el dulce mecanismo, dará crédito e importancia a lo que supuestamente lo hace sentir bien: la idea de la comida familiar, las ideas moralizantes que alienta la llamada new age, el ideal que proyectamos en la pareja convirtiéndola en ortopedia del desvalido Yo, el ensueño de las futuras vacaciones, las fotos que hacemos en un viaje destinadas a perpetuarlo en el tiempo, la idea de que cuanto más tengo y disfruto, más soy....etc. La vida se convierte en una parodia no porque disfrutar de ella sea en sí artificioso, sino porque en las experiencias volcamos sin conciencia una caricatura de nosotros mismos. ¿Has convertido tus ideas políticas, a tu equipo de fútbol, a tu trabajo, a tus hijos o bien a tu pareja en un sucedáneo compensatorio de la espinosa realidad? Todo dependerá del impulso, la fogosidad e insuficiencia que invertimos en la experiencia.
El individuo común no podrá entender el efecto placebo que los fenómenos comportan, ya que no entiende el sentido ilusorio de lo que supuestamente es real para él. Como el Yo-idea se hace contundente, si tengo aquello que ilusiono, soy feliz, si carezco me siento desgraciado. Así pues, protegerá de continuo cualquier sensación de pérdida que lo pueda llevar a la desilusión. Sin darse cuenta no terminará por ser auténtico, ya que serlo conlleva perder y estrellarse con la simpleza y la nadidad. Por ello elegirá una idea ficticia con la que apoyar la experiencia y el argumento que diseña para el cuento de la vida. Me pregunto: ¿En qué medida la auto-realización personal requiere esa desnudez?
Cuando morimos, al experimentar la retrospección lenta, es cuando en verdad tomamos conciencia de las viñetas que compone la historieta que dejamos, muchas de ellas cargadas de artificio y auto-engaño. Es ahí donde, al desnudo, nos damos cuenta de las asignaturas que al alma le han quedado por resolver. Sabremos cómo burbujea en el subconsciente la trampa de la evasión, el mecanismo del apego, el escalofrío que deja la sensación de desencanto, la rabia contenida, el amor propio herido y el propio miedo.
Las personas que tienen ya una edad avanzada y han vivido una serie de decepciones en la vida, suelen usar con mayor contundencia el artificio. Esto significa que sus ideas ya se mantendrán muy arraigadas en la psique y sus comportamientos irán destinados a quitarle crédito a la soledad, a la enfermedad y a la misma muerte. Elegiremos, por consiguiente, cataplasmas sensoriales destinadas a mitigar en cierta medida la vieja frustración.
Nos informa el emperador: «Nuestra vida es lo que nuestros pensamientos hacen de ella». ¿Qué necesito pensar para que mi Yo se sienta bien? Diremos que la mayoría de las personas lo que piensan y prefieren fluctúa en desacuerdo con su alma. El pensamiento, en muchas ocasiones empleado como baluarte o excusa, se convierte en el soporte explícito del Yo. Como lo serán tantos caprichos y deseos destinados a convertirse en placebos que no contribuirán a un adecuado desarrollo. Al no ser educados para considerar el lenguaje del alma, no podremos apreciar el contrasentido.
Nos sugiere, asimismo: «La primera regla es mantener un espíritu tranquilo. La segunda es mirar las cosas a la cara y conocerlas tal como son». ¡Veracidad, autenticidad…! El sentido de una ponderación adecuada con la que cobrar perspectiva y percibir con lucidez el auto-engaño. Para mirar a la cara lo que sucede en el exterior y percibirlo con claridad deberíamos primero mirarnos a la cara a nosotros mismos. Esto implica actualización. El trabajo de auto-realización que proponemos en nuestro Instituto comporta una desnudez que muchas personas no están dispuestas a ensayar.
Recuperar la sensación de inmediatez, el beneficio del acto simple que empapa al alma nos parece fundamental para que nos pueda embargar esa mirada. Sin embargo, el velo de la interpretación la ofuscará, una inercia aprendida y sofisticada que nos volcará de lleno en lo aparente.
Fragmento del tratado «Meditaciones desveladas (El talento y la cordura de Marco Aurelio)» de Antonio Carranza. P.V.P.- 15 €. Podéis recibirlo en formato PDF.
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